miércoles, marzo 05, 2008

Continuará

Un escritor, que me enseñó a escribir, me lo enseñó todo. Cómo cambiar el sabor y la templanza de un vino variando la intensidad con la que se lo descorcha; desanudar mil doscientos gramos de hilo de plástico previamente enredados por dos niños muy traviesos; contar hasta el infinito en sentido inverso; calcular la raiz cuadrada del amor que uno siente en soledad; interpretar los sonidos de un grillo en las noches de solsticio de verano.
Me enseñó también, el mismo escritor, que aquello sobre lo que nada se sabe existe, y que además es un muy buen negocio hablar de ello...o callar.