El mapa de nuestro amor es un laberinto. Cada uno de nosotros camina por un pasillo. Cada tanto nos cruzamos, nos miramos. A veces nos dedicamos algún gesto y entonces nos reconocemos. Somos felices. Pero otras veces apenas nos percibimos. Y nuestras presencias se dispersan en la nada. Luego, avanzamos o retrocedemos como podemos. Somos inexpertos. Vamos andando como si de un día para otro nos hubiéramos quedado ciegos.
El laberinto tiene varias dimensiones. Nadie sabe cuántas. Uno puede pasar de unas a otras sin tener conciencia de ello, sin siquiera desearlo, tal vez, por capricho de algún ser que desconocemos, o quizás, por simple distracción o curiosidad. De vez en cuando coincidimos por un momento en un mismo universo y nos amamos, como la primera vez, por toda la eternidad. Somos intensos. Volvemos a ser felices. Después, casi inevitablemente, nos dispersamos. Y nos quedamos vacíos.
Con el tiempo, cada uno intentará vivir en aquel instante para siempre. Y eso nos mantiene anhelantes. Hay que estar continuamente alerta. Nunca se sabe cuándo será el próximo encuentro.
Pero el laberinto cuando no es mágico es cruel. Y eso nos convierte, también a nosotros, en seres mágicos, o crueles, por naturaleza. Porque nosotros somos el laberinto. Somos el mapa. El amor. La crueldad y la magia.
jueves, marzo 20, 2008
La crueldad y la magia
Publicado por
QfwfQ
en
7:59 PM

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada