Me levanté mal. Igual que la noche anterior apenas pude descansar. Tengo mocos. Tengo diarrea. Tengo miedo.
Hoy es viernes. Debería liberar a todos los demonios. Debería existir. Debería volverme loco. Pero no sé qué voy a hacer. Me siento como un montón de frases cortas, desordenadas, inconexas. Un puñado de esquirlas dispersas en la pampa. Se disuelve mi vida y yo no puedo, o ya no quiero, hacer nada más para evitar otra catástrofe. Un tsunami interior. Un reacomodarse de las capas más profundas de mi propio ser. Otra mutación horrible. Una mutilación. Se desgarra la piel. Se desarman todas las articulaciones, todos los vínculos. Los ojos no sirven para ver ni las piernas para caminar. No hay camino. No hay tiempo. Las palabras son silenciosas, son esquivas, traicioneras, ya no son palabras.
Me levanté mal y sigo mal, aunque de todas maneras, a pesar de la marea endemoniada, he salido a buscarme, lejos, quién sabe dónde, en el mar. Nada tenía que perder. Nada tengo. Mi barco no existe, yo no existo, el mar, pura literatura.
viernes, marzo 07, 2008
Nota 19. Viernes 7 de marzo
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QfwfQ
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4:04 AM

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