Estuve distante de mí todo el día, como la otra vez, esquivándome. Necesité alejarme, abandonarme como a un perro después de las vacaciones. Exhiliarme de mí. Huir de mí mismo. Para dejar de ser un extranjero en este cuerpo, anduve así, nervioso como un gato en una mudanza, hasta que se hizo de noche y la tormenta, paso a paso, fue amainando. Después me quedé eternamente dormido y ya no supe nada más. Qué tranquilidad!

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