La primera vez que contemplé la figura de Natasha supe que mi vida sin su presencia no tendría ningún sentido. Fue en Marruecos, en una discoteca muy popular de Tánger. Tenía 12 años y había ido junto a mi padre. Él estaba enamorado de aquella mujer y mi madre lo sabía. Mi madre es la tercera esposa de mi padre. Ella y mis tías ya no esperaban aceptar una nueva esposa. La vida no era como antes. La herencia que mi padre había recibido y de la que se obtenían los fondos para la gran familia estaba comenzando a desaparecer. Sin embargo, en mi casa, no se escatimaba en gastos ni, muchas veces, en pequeños lujos innecesarios.
Mi padre tenía la intención de conquistar un nuevo amor, una nueva esposa. Todos lo sabíamos. Pero no era lo que queríamos. Nosotros pretendíamos emigrar a europa; hacer la vida que desde allí veíamos por televisión.
Pero algo pasó. Algo, desde esa noche en que vi a Natasha y deseé, profundamente, que mi padre la tomara para sí, dejó de ser igual. En aquel entonces creí, ingenuo yo, que esa era la manera de conseguir que su voz se oyera siempre muy cerca mío. Esa noche en Marruecos conocí el amor verdadero. Yo, al igual que mi padre, comencé a amar a Natasha. Y de ahí en más, cada vez que pude, insistí en que mi padre contrajera casamiento.
Hoy soy ya un abuelo, y como es natural, con la edad, uno aprende a conservar el amor de otra manera. Tengo doce nietos. Soy feliz. Mi padre hace tiempo que se ha marchado. Mis tías, mi madre, primos, y yo, emigramos a europa; hemos logrado establecernos y ya nos consideramos parte de esta tierra. De Natasha guardo el recuerdo de su voz, la ilusión del primer encuentro, ninguna culpa.
jueves, abril 03, 2008
Natasha
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QfwfQ
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1:45 PM

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