Doce docenas de ideas decadentes de tanta indecencia decrépita deambulan deshechas, dentro y fuera, desdichadas, se desploman por un pasillo de dulce chocolate templado al diez por ciento, al doscientos por ciento, hasta llegar al otro costado desarreglado y pleno de baratijas, de ututos ululantes, de úvulas y huevas de calamar momificado, todo teñido el borde del cielo razo de sangre sintética, de tarde noche de pintura barata en los labios y cejas de terciopelo, medias de seda tururú, y todo eso que te quieren vender como si fueras una piedra o un cubículo, un hueco, un estar vacía, un tener nada, que todo hay que comprarlo y todo con dinero se arregla, hasta las malas ideas con dinero se convierten en best sellers, en grandes marcas, en estilos de vida, hasta las vidas más desgraciadas sorprenden por su felicidad fingida gracias a la pasta, la pastita, la pastita, y las pastillas, doce pastillas por día debo consumir hasta completar las doce docenas, entonces volveré a ser yo misma, una, particular, única, sin maquillaje, sin silicona, sin pintalabios barato, sin medicinas, sin pastillas y sin pasta, pero yo misma, yo única, yo mitad yo y yo mitad otra, porque ella nunca desaparece del todo, se difumina por un rato no más, se deshace, se deshilacha, se desdobla, se desordena, se desintegra, pero siempre regresa, cuando la llamo, cuando la necesito, yo sé que cuando quiero escaparme ella me rescata, ella es mi liberación, mi desahogo, y también mi desconcierto.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada