'Quien se alimenta de Palabras Divinas, nunca será pobre de espíritu'- Rezaba el mural del templo. Y más abajo, en letras menores pero perfectamente visibles, colabore con 10c.
miércoles, marzo 19, 2008
Dispersión
El viaje es otra vez en tren. Es un viaje real, bastante largo. aunque no tanto como otros. Llegaremos a Ponferrada cerca de las 7 de la mañana. En Ponferrada hace frío. Hay cerros, cabras y cigüeñas. Allí vive mi madre, con quien hace 3 años que no nos vemos. Vive con una de mis hermanas y con uno de mis sobrinos. El viaje recién comienza. Es de noche. El lugar que me ha tocado para sentarme es ridículo. En un camarote entran 8 personas. 4 plazas de cada lado. Yo voy sentado en la segunda luego de la ventana, ubicada en el mismo sentido en que viaja el convoy. Tengo alucinaciones. Tengo la sensación de estar viajando en sentido contrario a la dirección del tren y de la vida. Siento como si el paisaje fuera desapareciendo ante mi mirada, mientras el mundo deja de existir a medida que avanzo. El viaje es real pero yo no sé. No me puedo explicar. Atravesaré un desierto minado antes de llegar a destino. Más que un desierto insoportable diria que ahí adelante me aguarda una cordillera helada o una postal de saturno que quedará tatuada para siempre en mi cerebro. Intento fébrilmente darme ánimos para superar lo que vendrá. Las puertas de los vagones están bien cerradas, son electrónicas, no hay manera de saltar. De aquí uno no se escapa. Esto es el atolladero. El viaje en tren es simbólico. Llevo 8 años extraviado en un laberinto de montañas nevadas. Ya no busco una salida. No intento huir. He desarrollado un nuevo instinto de supervivencia. Me gusta el silencio. Me gusta el frío. Uno se acostumbra a todo, se adapta, se deja habitar por el sinsentido del mundo. He aprendido a vivir de otra manera, congelado, inerte. He aprendido a amar el caos. Por las ventanas del camarote no puede verse nada hacia el exterior, pleno negro. Cada tanto una sombra, alguna luz, lejana, siempre esquiva.
Cuando bajo del tren en Ponferrada me esperan ochocientos metros hasta la casa de mi madre. Los hice caminando de prisa. Hacía frío.Pero cuando creí haber llegado al sitio en el que debería haber encontrado el portal vi que en su lugar se hallaba una plaza con juegos para niños inexistentes. Supuse que podría haberme equivocado de calle, así que volví hacia atrás, llegué a la esquina, busqué con la mirada la indicación del nombre de la vía. Comprobé que no estaba en el error, y que en efecto, el edificio en el que residía mi madre debería estar donde ahora se encontraba esa plaza. Eran más de las 7.30. ¿Qué significa todo esto? Tengo la sensación de que se trata de un sueño. Pero el frío no me deja pensar con precisión. Busco un bar donde tomar un café y calentarme un poco, fumar un pucho. Despejarme.
Publicado por
QfwfQ
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3:50 PM
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